Con Ian McEwan presentando su último trabajo, Lecciones, nuestra recomendación literaria de la semana quiere rescatar su gran trabajo. Han pasado veintidós años desde que Expiación llegase a las librerías y dieciséis desde que Joe Wright adaptó la historia a la gran pantalla, con un reparto de lujo encabezado por Keira Knightley y James McAvoy. Esta historia sigue en nuestros pensamientos desde entonces y por eso queremos recomendarla, para que nunca se nos olviden la belleza que puede vivir en los libros y para que aquellos que todavía no se han animado a leer este libro lo hagan.
Así es Expiación, la gran novela de Ian McEwan
Sinopsis de Expiación

En la gran casa de campo de la familia Tallis, la madre se ha encerrado en su habitación con migraña y el señor Tallis, un importante funcionario, está, como casi siempre, en Londres. Briony, la hija menor, de trece años, desesperada por ser adulta y ya herida por la literatura, ha escrito una obra de teatro para agasajar a su hermano Leon, que ha terminado sus exámenes en la universidad y hoy vuelve a casa con un amigo. Cecilia, la mayor de los Tallis, también ha regresado hace unos días de Cambridge, donde no ha obtenido las altas notas que esperaba. Quien sí lo ha hecho, en cambio, es Robbie Turner, el brillante hijo de la criada de los Tallis y protegido de la familia, que paga sus estudios.
Es el día más caluroso del verano de 1935 y las vidas de los habitantes de la mansión parecen deslizarse, como la novela, con apacible elegancia. Pero si el lector ha aguzado el oído, ya habrá percibido unas sutiles notas disonantes y comienza a esperar el instante en que el gusano que habita en la deliciosa manzana asome la cabeza. ¿Por dónde lo hará? Hay una curiosa tensión entre Cecilia y Robbie. Otra situación potencialmente peligrosa es la de la hermana de la señora Tallis: ha abandonado a su marido, se ha marchado a París con otro hombre y ha enviado a su hija Lola, una quinceañera, sabia y seductora, a casa de sus tíos.
Por qué recomendamos Expiación: un amor imposible y la redención en la literatura
Expiación puede entenderse como dos novelas que terminan por conformar una gran obra. La primera mitad narra los acontecimientos sucedidos en ese caluroso día de verano, con precisión y belleza, profundizando en los pensamientos y las emociones de personajes, obligados a relacionarse entre sí, que tienen, todos, un sentido de la individualidad muy desarrollado. Ninguna de las otras dos partes que conforman Expiación tienen una extensión mucho mayor en el tiempo: siempre centradas en uno o dos días, la maestría de McEwan permite, sin embargo, expandir la narración en el tiempo y abarcar así numerosos acontecimientos que terminar por conducir hasta ese lugar concreto.
Con el foco especialmente puesto sobre Cecilia y Robbie, son ellos, bajo la mirada de la jovencísima Briony, quienes llevan al lector hasta esa segunda mitad, que cambia radicalmente de escenario y obliga al espectador a situarse en un lugar completamente diferente. Este cambio tiene el efecto deseado: resulta brusco. Claro que esa brusquedad está siempre en equilibrio con la delicadeza de McEwan a la hora de narrar y, de nuevo, profundizar en el interior de los personajes. Y esa brusquedad es la que tiene que ser: la vida, especialmente en esta novela, en Expiación, es brusca.
La tercera parte es una novela dentro de una novela. A pesar de la sorpresa, es la que da un sentido completo a la que es la gran obra de Ian McEwan, que lo es no solo por este final que conmociona sino por la forma en la que logra contar varias historias en una sola, sin apartar nunca la atención de los personajes y con una narración elegante, arrebatadora y honesta. Expiación es siempre una buena recomendación.