Netflix ha estrenado El problema de los 3 cuerpos como lo suele hacer: todos los capítulos de golpe para que se consuman en los tiempos que el espectador decida. En Fan Service decidimos hace ya, cuando se confirmó la adaptación de la obra de Liu Cixin, que esta serie tiene que ser una serie de consumo lento. El problema de los 3 cuerpos 1×01, el primer capítulo, nos ha dado la razón, así que así es como vamos a verla y analizarla: poco a poco.
Es difícil que El problema de los 3 cuerpos vaya a ser la nueva Juego de Tronos, por mucho que las (obsesiva y cansinamente) buscadas comparaciones estén ahí. La razón principal es precisamente esta: nunca va a consumirse como se consumió la ficción de HBO, a razón de un capítulo por semana, con espacio entre un episodio y otro para que los acontecimientos respiren y se hagan grandes, para que las teorías se discutan y se descarten. Eso, creemos, es un error.
Su inicio, en cualquier caso, es prometedor: ciencia ficción, misterio, preguntas que rozan el existencialismo. Llegaremos a su final tarde, cuando ya un porcentaje importante de sus espectadores haya visto la primera temporada al completo, pero lo haremos siguiendo el camino que, creemos, debe seguir una serie como esta. Empezamos por el principio: El problema de los 3 cuerpos 1×01.

El problema de los 3 cuerpos 1×01: un principio prometedor
Con una intro que recuerda a la sobriedad de series como Westworld o, sí, Juego de Tronos, la primera escena de El problema de los 3 cuerpos anuncia lo que puede ser la serie en general: un debate que puede conducir a la muerte a quienes lo persiguen. Revolución, violencia, una disputa que versa sobre ciencia y religión, “algo que podría argumentar la existencia de Dios”, nos dicen más tarde, tiempo después, años después. La ficción está narrada en dos tiempos: unos años sesenta de revolución y contrarrevolución en China, una actualidad en la que estos hechos siguen teniendo repercusión.
En la actualidad, una serie de cadáveres intentan mandar un mensaje. La última en morir, Vera Ye, es la hija de esa joven cuyo padre vemos morir en la primera escena, lo que obviamente conecta esa contrarrevolución, ese debate que conduce a la muerte, con los hechos actuales. Vera Ye, en realidad, no ha muerto: se ha suicidado en pleno acelerador de partículas. Los científicos que alguna vez la han conocido, los llamados 5 de Oxford, están conmocionados. Sobre todo Auggie Salazar (Eiza González), que lleva días viendo allá donde mire una especie de contador que nadie más ve.
¿Todo esto resulta confuso? Lo cierto es que el inicio de El problema de los 3 cuerpos es bastante confuso, sí. Al menos, no es confuso en un mal sentido: es confuso como son las ficciones que están empezando, que tienen un universo propio y que ofrecen más preguntas que respuestas.
Las preguntas de El problema de los 3 cuerpos: el motor del inicio

Las preguntas que surgen a partir de El problema de los 3 cuerpos 1×01 son su motor. Este primer capítulo no funciona por otra cosa: nos lanza preguntas, nos llena de misterios, nos insinúa que los iremos resolviendo. Las preguntas en cuestión son las siguientes: ¿por qué se suicidó Vera Ye? ¿A quién pertenecen los cuerpos que están investigando como muerte sospechosa, quién los investiga? ¿Qué es ese casco que usaba Vera Ye días antes de morir, que parece tratarse de un videojuego y que también tenía uno de los hombres que ha aparecido muerto en Irán?
Más preguntas. ¿Quién y por qué coloca ese contador en la visión de Auggie Salazar? ¿Cómo lo hacen? ¿Qué han descubierto o qué están a punto de descubrir los 5 de Oxford que los pone en peligro? ¿Puede la ciencia probar la existencia de Dios? ¿Existe un Dios? ¿En qué trabaja la madre de Vera Ye, en ese pasado en China, y qué mensaje está enviando al futuro? ¿Puede el universo comunicarse?
Son muchas, lo sabemos. Si El problema de los 3 cuerpos es la serie que puede llegar a ser, tendremos respuestas para todas. Seguiremos viendo, porque las primeras impresiones son buenas.