Una de las claves que hace tan atractiva a 30 monedas es cómo juega con la imaginería cristiana. De la Iglesia la engarza con la estética lovecratiana, especialmente a raíz de su vertiente rolera, y de maestros del terror como Carpenter. De ahí que enlace tan bien con otros éxitos recientes, como el videojuego Blasphemous. Al tiempo, en la segunda temporada de la serie de HBO se incide en especial en el componente fantástico y su infierno tiene un aire claro para cualquier fan del terror: Hellraiser.
La lascivia cenobita
Clive Barker tenía claras sus inspiraciones cuando escribió la novela corta The Hellbound Heart en 1986. Al año siguiente dirigió y estrenó Hellraiser, una adaptación sobre la que quería tener el control. A la gente de los ochenta y los noventa le encajó esa mezcla de sadomasoquismo con orden monacal. Era una época de vicios, en la que la malicia de los cenobitas cuadraba a la perfección.
Pura lascivia, su nombre viene de cómo se denomina a un monje que vive en comunidad o una persona que elige vivir como un eremita. Sus nombres individuales suelen incluir referencias teológicas, principalmente cristianas pero también de otras religiones como la grecolatina. La tensión que siempre han vivido las religiones de Cristo, especialmente la católica, entre dejarse llevar por su poder y su supuesta misión divina da lugar a este tipo de creaciones.
Porque los cenobitas son pervertidos, aspirantes a faustos que querían un placer o poder inalcanzables. A cambio, el Leviathan, señor del reino cenobita, les dio un regalo irónico basado en el dolor eterno. Así, muestran escaras, carne desollada, elementos de carnicería, cirugías macabras… Barker y equipo tiraron de sus visitas a clubes sadomaso neoyorquinos, la estética punk y la parafernalia religiosa. A partir de ahí, el límite no existe.

Guardianes cenobitas para Elena
Las criaturas de la primera temporada de 30 monedas era puro Carpenter y Lovecraft. En la segunda, la apuesta fantástica se redobla. Incluso, se muestra el infierno donde están Elena y el padre Vergara. También, como es lógico, Angelo/Lucifer. El lugar donde se retiene el alma de la veterinaria es vigilado por demonios, sin duda, similares a los cenobitas.
En su caso son muy similares al chasqueador. Por actitud, se basan en la superioridad que tienen en su reino. El poder del que hacen gala es inmenso, no necesitan agilidad, simplemente una inmisericorde e imparable maldad. No paran ante los golpes, no se precipitan, no corren. Saben que van a vencer, no les importa que les ataquen.

Al tiempo, el aspecto es paralelo al cenobita que no para de castañetear. Poseen un aspecto amenazador, que recuerda a elementos de tortura sexual. Asimismo, las cabezas están cubiertas, sin dejar ver los ojos, solo una malévola boca.

Una corte de dolor eterno
Más allá de esta similitud obvia, la corte diabólica que han creado De la Iglesia y Guerricaechevarría también tiene tintes del universo de Barker. La imagen que genera está repleta de seres deformes y de extrañas vestimentas. De heridas, sadomaso y maldad exacerbada hasta el límite de lo ridículo. Exactamente lo que hace tan atractivo a Hellraiser.
Los señores infernales muestran la cara placentera, aunque desagradable, de los cenobitas. Por su parte, los condenados recuerdan a los regalos dolorosos de Leviathan. Muestran un eterno retorno de dolor del que se nutre Angelo. También se les aplican cortes, aparecen cegados y se lamentan continuamente.

La miríada de referencias con las que juega 30 monedas la hace un disfrute sin tapujos para muchos tipos de fan. Desde los roleros a los que gustan del terror clásico de Lovecraft, pasando por la fantasía horrorosa de Carpenter y compañía. Un cóctel al que no podían faltar los cenobitas de Hellraiser.