En 1973 se estrenó una de las películas más reconocidas de la historia del cine español. Fue el estreno en el largometraje de Victor Erice. El espíritu de la colmena ha estado desde entonces en un particular olimpo. Su lírico relato recoge la mirada infantil con tanta maestría como habla de los muchos significados de la muerte. Vistiendo de color miel a Castilla, el film sigue hoy mostrándose como una suerte de poema audiovisual que trasciende a través de mostrar lo cotidiano.
Historia y sinopsis de El espíritu de la colmena
Tras estudiar mucho, trabajar otro tanto y participar en el film colaborativo Los desafíos, a Víctor Erice le llegó la alternativa. En principio debía escribir, junto a Ángel Fernández-Santos, una de terror. Sin embargo, la idea se fue a terrenos más personales. De esta forma, dio forma a una propuesta que logró el apoyo casi inmediato de Elías Querejeta, afamado productor.
Erice dirige tanto con mimo como con formalismo una historia que tiene de epicentro a Ana, interpretada por Ana Torrent. La jovencita queda impresionada al ver El doctor Frankenstein de James Whale. Concretamente, el momento en que el monstruo mata a la niña abre su mente al concepto de muerte. Su hermana, Isabel (Isabel Tellería) jugará con infantil malicia sus bazas para asustarla. Mientras tanto, sus padres Fernando (Fernando Fernán Gómez) y Teresa (Teresa Gimpera) no saben dar respuestas ya que están atrapados en la resaca de la Guerra Civil.
Este contexto es clave en el film, ya que se ambienta en 1940, el año después de que acabara el conflicto. La muerte literal de Ana se entremezcla con el deceso social de España y el fallecimiento en lo personal de personajes como Fernando y Teresa. En un pueblo segoviano, Hoyuelos, el microcosmos de la familia se adapta a este nuevo statu quo.
Si la sociedad es como esa colmena que obedece sin pensar, la Castilla que filman Erice y Luis Cuadrado, director de fotografía que se estaba quedando ciego, se asemeja al entorno apícola a través de un tratamiento de color que aporta al conjunto un tono de melaza. Junto a la banda sonora, en base a temas infantiles populares, se consigue la síntesis entre lo particular de aquella España y el universal descubrimiento que experimenta la protagonista.
Cuándo ver El espíritu de la colmena
Si apetece un clásico de esos que requieren dejar el móvil de lado y tienen un aura trascendental, El espíritu de la colmena es una opción ideal. Poco más de hora y media de pulcritud visual y belleza narrativa que han merecido un halago constante. De la Concha de oro a ser una de las favoritas de Kurosawa, el film de Erice es una cita obligada para quien aspire a la cinefilia (por favor, no a la insoportable). Es también un complemento al resto de la magra filmografía del vasco, que solo tiene otros tres largos: El sur, El sol del membrillo y Cerrar los ojos.
Pero la película también es accesible y disfrutable para una audiencia que no busque ínfula alguna. La sensibilidad de la cámara, guion y banda sonora hace que cualquiera pueda gozar de la propuesta de Erice. En especial, quienes busquen una reflexión sobre el final de la infancia inocente y la polisemia de la muerte. Ambos conceptos están unidos, pues la perdida de la candidez suele estar atada a ese saber que el final llegará, aunque tarde en hacerlo.
Finalmente, el factor histórico/social de El espíritu de la colmena es también otro factor para recomendarla. La influencia que ha tenido al unir el conflicto civil, y sus consecuencias tempranas, con el punto de vista infantil son claves, por ejemplo, en Guillermo del Toro. Baste mencionar El laberinto del fauno o El espinazo del diablo. Si gustan cualquiera de ellas, o similares, gustará el film de Erice.