Hay ficciones que están hechas para trascender y otras que «simplemente» buscan entretener. Va entre comillas, porque no es que sea algo tan fácil como parece. Marvel Spotlight se supone que va a ir a por lo segundo. Echo es su primera apuesta y, al menos en su caso, consigue dar casi tres horas de acción más que dignas. No revoluciona, pero tampoco lo quiere. Porque no todo ha de ser trascendente, como ha aprendido por las malas el UCM.

Una miniserie que llega en plena canonización de las etapa Netflix
No es casualidad que Disney y Marvel hayan esperado a que se estrene Echo para empezar a hablar en serio del lugar de Daredevil y compañía en el UCM. Directivos varios han comentado que consideran el conglomerado The Defenders parte del canon. Hasta han incorporado las ficciones a la línea temporal. No en vano, la protagonista de la nueva serie interacciona con el héroe y villano principales de la producción sobre el diablo de Hells Kitchen.
Daredevil (Charlie Cox) sale al principio, en una pelea de altos vuelos contra Maya López (Alaqua Cox). Es el punto álgido de un primer episodio que sirve para rememorar el paso de Echo por Ojo de halcón. Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio), al que descerrajó un tiro en toda la cara al final de la misma, tampoco tarda en hacer acto de presencia. De esta forma, quitando zoom, la miniserie sirve como puente entre Hawkeye, la antigua continuidad de las series Netflix y Born again.
Pese a esto, Echo cumple su promesa de ser una entidad en sí misma. No necesita visionados previos ni posteriores para entender lo que cuenta. Ayudan, enriquecen, pero no obligan. Justo al contrario que otras series de Marvel o Star wars, como El Mandaloriano en su tercera temporada.

Un añadido al boom nativo norteamericano con un tono más oscurecido
Últimamente las historias sobre naciones nativas norteamericanas está viviendo cierta explosión. Los asesinos de la luna es un buen ejemplo. Tanto como el de Kahhori, la primera heroína completamente original del UCM. Curiosamente, la miembro de la Kanien’kehá:ka recibió la voz de Devery Jacobs, quien aquí da vida a la prima de Maya, Bonnie. Ambas son Chahta o Choctaw. El retorno a las raíces de López es el mecanismo que usa Echo para redimir a la villana, además de para cuadrar una banda sonora muy notable.
Volver a casa no solo le permite descubrir sus poderes, heredados de su madre y la matriarca de Choctaw, sino que le ayuda a alejarse de la influencia malvada de Fisk. Que le quiera matar es una cosa, que le perdone es otra. En el viaje intermedio hay mucha acción al estilo Daredevil. Sin ser lo encarnada de John Wick o Warrior, despliega coreografías creativas, de gran dinamismo. Un paso que quizá se consolide más adelante.
El tono es así más oscuro, adulto y pegado a tierra que en el resto de producciones de Feige. Ojo de halcón o Falcon y el Soldado de invierno ya intentaron ir por esta vía. Invasión secreta quiso hacer lo propio con el género de espías. En todos estos casos, no hubo el atrevimiento para ir a por todas. Echo se beneficia de la periferia que ocupa en el UCM para tener algo más de alma propia. A esto ayuda la triple condición minoritaria de la prota, dada su incapacidad de oír, su discapacidad física al faltarle una pierna y su origen étnico. La suerte trata estos temas, como se vio en las primeras impresiones, con acierto.

El factor Fisk como aderezo a un producto divertido pero con la originalidad justa
Aunque en España llegue a Disney+, en Estados Unidos Echo se ha estrenado en Hulu. Además, lo ha hecho con todos los episodios del tirón. Una decisión que parece tomada tras el montaje final, que incluye anticipos al final de cada capítulo. La fórmula, de nuevo, retrotrae a Netflix. La comparación es inevitable y lastra un tanto el todo.
Mientras que Daredevil tuvo tres temporadas de 13 episodios, de entre 45 y 60 minutos cada uno, Echo cuenta con cinco de entre 30 y 40. Son tiempos muy distintos para hacer, más o menos, lo mismo. Así, se puede tomar a la ficción de Marvel Spotlight como poco más que un caramelo. Un complemento agradable, pero fugaz.
El punto de pimienta lo aporta Wilson Fisk. D’Onofrio aporta una visceralidad de lo más carismática a un personaje al que se nota que quería volver. Quien fuera fan de Daredevil puede contemplar de nuevo su martillo, su culpa y su absoluta inseguridad social. La relación con Maya es enfermiza, propia del gigantón. Causa escalofríos la escena en que este manda asesinar a la intérprete como demostración de confianza en su hija adoptiva.

Además, se le propone como un potencial Donald Trump del UCM en la escena postcréditos. Va a ir a por la alcaldía de Nueva York atendiendo a la necesidad de un candidato que no sea un político al uso, ya que son parte del problema. Como el expresidente, también comenzó siendo empresario y maneja una retórica agresiva y brutal.
En definitiva, Echo es un aderezo que se agradece en el UCM. Tras tantas producciones que no terminaban de brillar o diferenciarse, donde la redondez de Loki fue una excepción, era hora de que Marvel diversificara. Esta miniserie no es la respuesta absoluta a la crisis de Marvel, pero sí puede ser uno de los muchos ladrillos que contengan un dique que amenaza con derruirse.