Dave Filoni lleva muchísimo tiempo creando su legado galáctico. Desde The clone wars, el principal heredero de George Lucas ha mostrado unas maneras muy reconocibles. También, muy exitosas. Con Star wars: Crónicas del Imperio expande la idea de Las crónicas jedi. Relatos cortitos, segmentados y poniendo el objetivo en secundarios de lujo. Como ocurrió entonces, el todo se queda en un añadido entretenido, con su aquel por el lore que narra, pero que no logra ser memorable en casi ningún momento.
Luminara y Morgan, dos personajes muy secundarios que obtienen trasfondo
Los seis episodios de Crónicas del Imperio están subdivididos en sendas ternas. Una mira hacia el origen de la Inquisición a través de Barris, constructo totalmente Filoni, mientras que la otra lo hace en dirección a Morgan Elsbeth. La taimada bruja de Dathomir ya fue villana secundaria en The Mandalorian y principal en Ahsoka. Mientras tanto, Offee fue clave en una de las tramas más recordadas de The clone wars, cuando la padawan de Ani fue acusada de un crimen que en realidad cometió su colega.
El peso de Morgan es algo mayor que el de la padawan de Luminara Unduli gracias, precisamente, a la serie Ahsoka. En todo caso, la elección de ambas va muy en la senda de reforzar el Filoniverso. Todo lo que ocurre sirve para dar algo de vidilla a personajes que ya aparecieron en sus historias.
Tras La Remesa mala, la fallida Obi-Wan y sobre todo la tan bien ejecutada Andor, podría haberse esperado algo más de profundización en las mecánicas del Imperio. Las mencionadas series han abordado cuestiones como la esclavitud, el genocidio clon o la burocracia imperial. Sin embargo, Star wars: Tales of the Empire no aporta apenas contexto general. Se limita a contar dos historias que, como veremos, no son todo lo originales que pretenden.
Un tipo de gris que empieza a agotarse en Star wars
En todos los aspectos, Filoni crea entornos grises. Por ejemplo, tanto el lado oscuro como el luminoso están repletos de personajes que tienen justificaciones y redenciones por doquier. Claro que hay malos estúpidamente malvados, como en todo entorno de ciencia ficción fantástica, pero la tendencia es a que pocos protagonistas sean ni muy chungos ni muy buenazos. Es la salsa de la dinámica de la Fuerza, al fin y al cabo.
Esto penaliza los relatos sobre Elsbeth y Offee. Limítrofes con lo genérico, cuentan dos historias simétricas. Una pasa de las buenas intenciones y el drama a la maldad, mientras que la otra hace lo contrario. Morgan sale peor parada, pues sus tres episodios no empastan con corrección. La aparición del clan de la montaña de Dathomir es un buen punto, pero tras ello llegan elementos más allá de lo predecible. Barris, por su parte, protagoniza capítulos que purgan sus malas acciones. El problema, de nuevo, es que barruntan su desarrollo de forma demasiado obvia. Al menos, en su caso, se hilan con mayor corrección.
Otro de los grises de Filoni tiene que ver con el tono. No hay suficiente espacio para la violencia, pero tampoco se cierra en banda a ella. Busca ahondar en el lore de un público que no es adolescente pero sigue limitando sus formas de expresión casi a lo infantil. Funcionó en Las guerras clon, tardó en rular en Rebels e hizo perder poder narrativo a La Remesa mala. Aquí, el tono oscuro que quiere Las crónicas del Imperio pedía de nuevo algo más de visceralidad.
Quizá esta indefinición, unida a la falta de trascendencia, sean las características más definitorias de Star wars: Crónicas del Imperio. Porque es disfrutable para quien sea fan y su animación sigue siendo tan reconocible como siempre. Sin embargo, es de esas series que si se ven entretienen, pero que si no, pues tampoco pasa nada.